Cuando los residuos se disponen de manera incorrecta, las consecuencias se extienden por todo el barrio. El viento, la lluvia y los animales pueden dispersarlos, obstruir los desagües, generar olores, atraer plagas y deteriorar los espacios públicos.
Cada punto de acumulación requiere nuevas tareas de limpieza y demanda personal, maquinaria y tiempo que podrían destinarse a otros trabajos necesarios para la ciudad.
Respetar los días y horarios de recolección, separar los materiales reciclables y consultar cómo disponer los residuos especiales permite cuidar los barrios y aprovechar mejor los recursos municipales.
Una ciudad limpia se construye con servicios organizados y el compromiso cotidiano de los vecinos.


